Arte
e historia del Cementerio Santa Ifigenia
María Elena López
Santiago de Cuba.- Arte e historia guarda el Cementerio Santa
Ifigenia en esta ciudad, sitio donde el silencio no es olvido
sino respeto ante las tumbas de hijos naturales o adoptivos
de la otrora capital de Oriente.
En febrero del 1878 fue fundado al noroeste de la ciudad,
aledaño al entonces Camino Real de la Isla, sustituyendo
al de Santa Ana, el cual se ubicaba cerca de la Iglesia del
mismo nombre.
La primera necrópolis sólo tuvo 32 años
de existencia ya que muchos santiagueros abogaron por su traslado
a un lugar más lejos de la zona urbana, pues donde
estaba instalada afectaba con su insalubridad a la población.
Los terrenos para la construcción del actual cementerio
se compraron sucesivamente, desde I858 hasta 1910, a la familia
Bravo Ferrer y a la señora María Micaela Ibarra
y Ortiz, viuda de Agüero.
En sus inicios poseía forma de cruz latina, dividida
en patios.
Los primeros enterramientos correspondieron a la menor Encarnación
Ramos, de sólo 28 días de nacida y al joven
esclavo Gerardo, perteneciente a Don José R. Villalón.
En junio de 1868 fue enterrado el deán de la catedral
Don Marcelino Quiroga y Rubio, quien tuvo a su cargo, cuatro
meses antes, la bendición de los terrenos del cementerio.
Desde su inauguración acumula valores relevantes que
les adjudicaron la distinción de Monumento Nacional.
Denominada por algunos “la última casa”,
en ella reposan los restos de hijos célebres de Cuba
y el mundo. Guarda la memoria de nuestro José Martí,
Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, una
miríada de mártires cubanos de los siglos XIX
Y XX. Aquí reposan también los restos de personalidades
como Emilio Bacardí, alcalde prestigioso de la ciudad;
Antormachi, médico de Napoleón Bonaparte; Pepe
Sánchez, iniciador del bolero en Cuba; Antonio Benito
Fernández; Ñico Saquito, famoso compositor y
cantante santiaguero, entre otros.
Sumado a esta valía espiritual, se encuentra un grupo
de tumbas formadoras de un conjunto inestimable dentro del
patrimonio cultural y material del país.
Llegar hasta Santa Ifigenia es penetrar a un mundo de historia
y leyendas. Lo añejo se acorta en el tiempo y muestra
a los visitantes el recuerdo que siempre está latente.
Tarjas y lápidas reviven existencias fulgurantes.
El Mausoleo donde reposan los restos de Carlos Manuel de Céspedes
se erigió en 1910. Fue sepultado en esta necrópolis,
directo en tierra después de su muerte en San Lorenzo
en 1874. Los mármoles de su tumba simbolizan el agradecimiento
a un hijo ilustre de la Patria.
Los mártires de San Juan de Wilson, inmolados por la
libertad de Cuba, el 15 de febrero del 1870, descansan en
la tumba familiar de los Bravo Correoso, capilla con un lapidario
que los enaltece .
Singular obelisco se levanta donde reposan los restos de los
Mártires del Virginius, fusilados en esta ciudad en
noviembre de 1873.
El Retablo de los Héroes, recinto de grandes, donde
los nombres de los generales José Maceo, Flor Crombet
y Guillermón Moncada, encabezan una legión de
soldados y oficiales de las guerras por la Independencia durante
el siglo XIX.
Aquí se encuentran también las tumbas de Mariana
Grajales, madre de los Maceo, eternizada por el amor y entrega
a la tierra venerada; María Cabrales, esposa del Titán
de Bronce, Doña Rosario madre de Frank y Josué
País. Méritos que se suman al de Monumento Nacional.
Lugar cimero ocupa el Mausoleo al cubano mayor, José
Martí y Pérez. La caída en combate el
19 de mayo de 1895 inició un largo peregrinaje de su
cadáver hasta el 27 del propio mes, cuando fue sepultado
en el nicho 134 de la galería sur. Años más
tarde, en 1907, queda inaugurado un modesto templete que guardó
las sagradas reliquias hasta que se hizo firme el compromiso
de edificar una tumba digna para el Apóstol.
Para ese entonces la urna quedó depositada en el Retablo
de los Héroes. El 30 de junio de 1895, después
de efectuarse “el entierro cubano de Martí”,
como fue nombrado por los santiagueros, quedó inaugurado
el monumento, obra de una creación ilimitada, a cargo
de los arquitectos Jaime Benavent y el escultor Mario Santí.
Muchas otras construcciones muestran sus méritos tanto
de la centuria del XIX como la del XX. El mausoleo a los Mártires
de la Revolución y el Panteón de las Fuerzas
Armadas dan continuidad a la etapa revolucionaria que se completa
en el monumento a los caídos en otras tierras durante
las misiones internacionalistas.
El arte funerario cobra vida en Santa Ifigenia, cementerio
que se distingue como una ciudad esculpida. Neoclasicismo,
art decó, estilo ecléctico brindan una visión
renovadora dentro del recinto, con una versión local,
sencilla, sobria y elegante.
Delicadas imágenes de ángeles y madonnas, recrean
sentimientos que denotan tristezas, dolor, compasión
y resignación.
Ángel Augier, destacado periodista e investigador cubano,
destacó en una crítica de arte sobre la necrópolis
santiaguera que ella representa un gran jardín fantástico
de mármol y granito.
Tomado del sitio digital TVSantiago.
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