Entre
Haití y Palma no hay distancias geográficas
TERREMOTO
EN HAITÍ[ESPECIAL]
Por: David González Gross.
Palma Soriano, 25 enero 010.- Entre Haití y Cuba
hay una relación más que histórica,
pero entre Haití y Palma Soriano no hay distancias
geográficas, ni tierras ni mar que los separe.
Para los habitantes de Palma Soriano, descendientes
de haitianos, ni siquiera existe el famoso Paso de los
Vientos, los atraviesan en sus carrozas de fuego sopladas
por Mackandal.
“Me llamo Ramiro Carrión pero ese no debe
ser mi apellido haitiano, porque cuando llegamos de
allá, o mejor dicho, cuando papá llegó
a esta isla, nadie en el puerto de Santiago de Cuba
entendía lo que hablaba en creole y un empleado
de la aduana, cansado ya, gritó: ” No entiendo,
coño, te voy a poner Ramiro y Carrión
de apellido, que le sirve a todos los negros. Yo nací
aquí, en el Dos de las Cuchillas y allá
por los años 50 del pasado siglo XX, papá
me llevó de visita a Haití pero: ¡que
va!, aquello no me gustó. ¡Había
un hambre por todos lados tremenda! … ¡tre..men..da!.
Fíjese que me fuí para el aeropuerto y
vine para Santiago en el primer avión que salió”.
Si usted camina por todos los trillos de Dos Palma;
La Serafina; Resurrección; Solís y otros
barrios de esa zona serrana de Palma Soriano, le va
a ser muy difícil encontrarse con un blanco.
Allí lo que hay son descendientes de Haití
por todos lados. Lo mismo por la zona de Ramón
de Guaninao, Aguacate, Arrollo Blanco, Haití
Chiquito y si se decide por caminar para los llanos
cañeros… ¡Dios mío!, Barranca,
Salvadera, Maibío, Junco…¡Por ahí
todos son negros descendientes de haitianos!.
“Mi abuelo se llamaba Pití Granguet. Vino
de Haití con mujer y todo. Cuando se bajó
de la goleta en Santiago de Cuba lo contrataron unos
blancos que tenían a un traductor de creole.
Vino directo en un automóvil hasta el Central
Palma y de ahí para Barrancas. Ya ni sé
cuántas mujeres tuvo y cuántos hijos y
ahora son tantos los biznietos que si resucitara se
quedaría pasmado. Los Granguet somos un burujón
pila de pichones de haitianos. Tenemos aquí un
gagá que todos los años va al Festival
del Caribe y mantenemos las tradiciones. ¡Yo ni
sé si soy haitiano cubano o cubano haitiano!”.
¡No, yo no quisiera ir a Haití y ahora
menos! “
En los cortes de cañas del Valle del Cauto, en
los cafetales desde Hongo lo Songo hasta El Ramón
de Guaninao, por toda la precordillera de la Sierra
Maestra se dispersaron los haitianos esclavos, tanto
domésticos como los de plantación. Por
ahí andan y ahora son médicos, ingenieros,
maestros, sanitarios. ¡Una y mil profesiones!.
Antes de 1959 se dice que ni siquiera eran personas,
no existían, no votaban, estaban a la par de
los bueyes y los caballos. En el siglo XIX les pagaban
con vales para la tienda y en el siglo XX les pagaban
con vales, pesetas y plan de machete.
“Me llamo Celestinas Pavó. Soy nacido en
Haití, en Porta au Prince pero criado aquí
en Salvadera, Cuba. De niño narigeneaba bueyes,
ajilaba las pilas de cañas, traía agua
a los hombres de la familia que cortaban cañas.
Me levantaba a las cuatro de la madrugada y me acostaba
a eso de las nueve de la noche, día a día,
domingo a domingo. La comida era boniato, bacalao, carne
seca que también se le llamaba así, arroz
blanco y con frijoles y mucha agua o azúcar y
guarapo para rellenar a las lombrices. Cuando triunfó
la Revolución de Fidel Castro y Raúl Castro
vinieron unos rebeldes, nos tiraron fotos y nos dieron
un carné. Luego me enseñaron las letras
y los números, me dieron una pensión de
80 pesos al mes. Los barracones los limpiaron, fumigaron
y nos dieron ropas y zapatos. ¡Bueno!, a mí
me tuvieron que cortar las suñas de los pies
porque con las suñas, así de largas, no
me entraba el 42 que es mi número¨.
No se sabe a ciencia cierta si son haitianos o cubanos.
Para mí que yo los llamaría palmeros,
así a secas. Para ellos su tierra natal, la de
sus ancestros es una noticia o un rumor lejano pasado
de generación a generación. Continúan,
no obstante con su gagas, su tafié que les quema
la garganta y cortado con un afilado cuchillo los nuevos
a un chivo viejo como lo hacía todos los años
José María en el Dos de las Cuchillas.
Haitianos o cubanos, son personas por sobre todas las
cosas, y hermanos nuestros ¡cubanos todos, negros
y blancos!.
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