Por los 'abuelitos' de casa

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Palma Soriano. - Envejecer constituye un tránsito natural en la vida. Hay quienes afirman que se vuelve a la niñez. Lo cierto es que con los años aparecen mañas, las ideas tardan, el lenguaje se entorpece, muchos recuerdos se olvidan, y hasta se depende de otras personas para continuar existiendo.

En Cuba y, en particular, Palma Soriano, asumir el cuidado de abuelas y abuelos es un desafío constante. Sobre todo para quien tiene que dejar a un lado sus quehaceres laborales y dedicarse a la atención de los que décadas atrás eran horcón y sostén de la familia y ahora los años se lo impiden.

La metamorfosis de trabajadora o trabajador hacia cuidadora o cuidador de ancianos presupone una adaptación bien difícil al nuevo rol que solo alcanzará éxito si pone todo empeño y lo hacen con la conciencia plena que es un deber filial. La responsabilidad de velar por el bienestar de un adulto mayor sin lugar a dudas, es un giro muy grande para quienes lo asumen.

En este municipio santiaguero muchas mujeres han tenido que abandonar el trabajo para dedicarse al cuidado de un abuela o abuelo con discapacidad, lo que le impide valerse por sí solos.

También existen familias que se apoyan en otras personas, generalmente conocidas y cercanas, para que les atiendan a sus adultos mayores.

Los cuidadores no tienen horarios. Es cierto, muchos desatienden su salud por priorizar la del anciano. Por eso, los especialistas recomiendan de ser posible, buscar a más de una persona para asumir la protección de los ancianos y así puedan garantizar mayor calidad en la atención.

De lo que se trata, es remunerar espiritualmente al anciano de casa con amor, consideración, respeto y agradecimiento. Ellos merecen en los últimos años de sus vidas toda atención y cuidado.