El Martí que homenajeamos

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Palma Soriano.- Pensar a Martí desde la esencia misma de su ideario, demanda mucho de la conciencia personal.

Por estos días son disímiles los homenajes a su nombre y bien merece la pena reflexionar sobre el asunto. Una jornada que inició en tierras del Cauto cuando la llama que encendió la Marcha de las Antorchas, llegó a esta ciudad como compromiso eterno con la premisa de no dejar morir al Apóstol.

Luego, el sueño de la llama martiana, reeditada cada 27 de enero, iluminó la arteria principal de Palma Soriano, en un mar de jóvenes y adolescentes convocados en un fin común. Los racimos gozosos de los pinos nuevos también dedicaron momentos al Maestro y revivieron sueños literarios en un desfile que acompañó el hombre de La Edad de Oro. Y hace solo unas horas la cultura, como expresión sublime de cubanía, encontró espacio en el Monumento Nacional que lleva su nombre, en una velada que cerró los actos de recordación.

Indudablemente son incontables los motivos para traer de regreso al Apóstol, cada enero. Pero la reflexión, y entiéndase literalmente reflexión, va dirigida precisamente a no dejarlo ir. Puede parecer discurso manido, sin embrago, repetir a Martí como consigna no significa, enteramente, perpetuar su vigencia.

Acercarlo a nuestros días, como el hombre corriente y no el héroe idealizado (que por mérito es), ayuda a enrumbar nuestros preceptos y proyectos de vida. Andar de la mano, en cada acción, con el ser humano que fue, permitiría, más que en espacio públicos, pensar a Martí desde lo que somos y lo que queremos ser.