Ser Cubano, Ser Palmero

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Palma Soriano. - Por ningún motivo, el cubano y, en particular, el palmero pierde la sonrisa. Y es que hasta en los momentos más difíciles el optimismo se trasluce en él. No importa que los problemas surquen su alma y queden profundas huellas.

Días como estos en los que inicia la jornada por el amor y la amistad, hacen de la sonrisa del cubano el mejor halago para disfrutar a plenitud el placer de haber vivido un mes más del nuevo año.

El cubano, el palmero, siente y ama su condición desde muy adentro. La exhibe con orgullo donde quiera que esté. La palpa, la saborea y disfruta día a día. Como cubano, palmero, se baila, se fiestea, ama y defiende su bandera. Convierte en victorias los reveses, es patriota ciento por ciento.

Tan inmensa y fuerte es su raza que no necesita bautismo alguno, ni partida de nacimiento. Solo el carisma y valores que le identifican y lo hacen auténtico y único. Haber nacido en esta pequeña isla, es sinónimo libertad, de sentimiento y humildad. Es ser especial, solidario, humano y emprendedor. Es enfrentarse a la cotidianidad con la alternativa a la mano, el derecho a poder y hacer. Es voluntad creadora.

Por años, los cubanos y, en especial, los palmeros en unidad, hemos levantado un país a base de sangre y sacrificios, pero con la certeza de que es, sin absolutizar, el más justo del mundo al que todos también dedican una sonrisa de afecto.

Sentirse cubano, santiaguero, palmero, es luchar por los sueños y el futuro ese que tiene que ser mejor porque así lo avizoró Fidel. Es trabajar duro por hacer perfectible el proyecto socialista. Es abrirnos al mundo con los corazones abiertos y dispuestos a seguir haciendo por los demás como nos enseñó Martí. Para sentir orgullo de ser cubano no hay que gritarlo a viva voz, es demostrarlo, siendo ejemplo y, sobre todo, alegres que es lo que nos hace diferentes y mejor.