Clásicos, más allá del tiempo

Clásicos, más allá del tiempo. Imagen tomada de Internet.

Palma Soriano.- Los buenos clásicos de la literatura española me han salvado.Todo comenzó con Cervantes. En la locura de Don Quijote y su empeño de luchar contra aquellos molinos de viento, en la sabiduría escondida de su ayudante Sancho Panza.

Luego sobrevino, como ola contundente, La Ilíada de Homero, de la mano de Aquiles y Héctor. Agamenón, Menelao, Paris, Elena, la bellísima Elena… Y Troya. La ciudad aparentemente inconquistable, pero rendida ante la astucia de unos hombres devastados tras muchos años lucha y sangre.

Uno prefiere quedarse solo y en sagrado silencio, cuando te saltan al corazón Rubén Darío o Neruda. Vive uno y muere, así como prefirió partir de su realidad oscura Adela, cuando sintió que la Casa de Bernarda Alba, le cortaba las alas y los sentimientos.

Leer es vivir. Para ser testigo de la alcahueta Celestina. Para enamorarse con Bécquer. Para sentir y errar, como Don Juan Tenorio. Pero también para no olvidar que los grandes amores perviven más allá del tiempo y la historia y las adversidades, más allá de “La Guerra y la Paz”.

Leer es considerarse y creerse más libre. Más allá de buenas críticas o malas, lee siempre, lee cuanto caiga en tus manos. Nada como esa libertad auténtica de llegar a la verdad, y estar acaso, un poco más cerca de lo eterno, motivo de dioses y mortales.

Comprar libros, hoy, mi pasión. Mimarlos, seguir soñando, otras vidas posibles, mi día a día. Comprendiendo el sentido de mi existencia, me refugio en ellos, y ellos, agradecidos, me regalan sus más bellas palabras. Me siguen salvando.