Éxodo de profesores: asunto que toca a todos

Éxodo de profesores: asunto que toca a todos. Imagen tomada del archivo de RB.

Palma Soriano.- Quienes ya envían o llevan a sus hijos cada mañana a las escuelas, tienen un anhelo por sobre todos los otros: que reciban clases de calidad, con un maestro preparado para dar lo mejor de sí en el largo camino del conocimiento. Aspiraciones como estas, se multiplican, cuando en no todas las aulas, al amanecer un nuevo curso escolar, hay siempre un maestro.

Ante la falta de profesionales en el sector se han adoptado algunas alternativas. Entre ellas, contratos a maestros jubilados, reorientación de profesionales de otros ámbitos e, incluso, muchos estudiantes universitarios asumen el magisterio como trabajo social y fuente extra de ingresos. Claro, lo ideal sería que todos los maestros fueran graduados en la universidad, ese fue el objetivo durante muchos años, particularmente en la década de los ochenta. Pero el Período Especial, que aún no concluye, marcó el comienzo de un éxodo que afectó la calidad de los procesos educativos.

El nivel de la enseñanza en la isla, en todos los ámbitos, es uno de los más altos del continente. Es una realidad certificada por las organizaciones internacionales que se ocupan del sector. Pero con todo, resulta evidente el deterioro en algunos aspectos.

Muchas familias, inconformes con la labor de los maestros de sus hijos o con el aprovechamiento de lo que se imparte en la escuela, han sentido la necesidad de buscar “repasadores” particulares, una figura poco habitual hace algunas décadas. No se puede negar que una parte de los maestros que ejercen la profesión no reúne todas las condiciones para pararse delante de un aula.

El asunto no fuera tan grave si no estuviéramos hablando de una de las profesiones más importantes en la sociedad. Sin educación no hay futuro. Los problemas de la enseñanza en todo el país no competen solo a los profesionales del sector, a las organizaciones gremiales y estudiantiles, o a las autoridades ministeriales. Es un tema que afecta y tendría que comprometer a la sociedad en su conjunto, al entramado todo de la nación.

Por fortuna, en el territorio palmero se dispone de una total cobertura docente. Pero el problema de fondo, sigue latente. Resuelto este, estaremos en mejor disposición de acometer transformaciones que ameritan y ya experimentan los programas de estudio.

Una y otra vez se ha dicho que la escuela está llamada a ser el principal centro cultural de las comunidades. Esa idea implica que desde la escuela se irradien aportes concretos, que trasciendan las necesidades puntuales de las matrículas. La educación nunca deberá ser considerada un acto de mera formalidad.