Para que temblores y ciclones no arranquen a Santiago de Cuba tradiciones en el tiempo, modernidad actual

Santiago de Cuba, modernidad actual

Palma Soriano.- La fundación de Santiago de Cuba marca muchos contextos de carácter histórico en Cuba. Con motivo del Aniversario 500 de fundada la Villa, el próximo 25 de julio, la ciudad oriental, con título de Heroica, cuenta con el logotipo que identifica las actividades, festejos para tal acontecimiento.

Ha pasado el tiempo, Santiago de Cuba asoma actualmente de otra manera, pero por las crónicas de historiadores de renombre de la ciudad conocimos que a finales del siglo XVIII los habitantes almorzaban a las ocho de la mañana con un apetitoso chocolate, pan de huevo, chicharrones y empanadillas, al mediodía cenaban y la cena se realizaba a eso de las nueve de la noche con arroz blanco, tasajo y plátano asado. Entre los postres resaltaban las raspaduras de caña y la pasta de guayaba.

Santiago de Cuba, ciudad asistida por el intenso Sol, calor insoportable, desde entonces no reparó en construir casas elevadas para que circulara el aire, se ha enfrentado a un fatalismo geográfico cuyos ciclones y temblores no permitían cubrir con vidrios las ventanas que se cerraban con barras de madera tornadas, manualmente, con postigos al exterior.

Transcurrían los años 1788 y 1789, la Doctora Olga Portuondo, Premio Nacional de Ciencias Sociales, en sus Viñetas Criollas, tras largas y serias indagaciones históricas añade: ¨En los corredores interiores se tomaba el fresco, sentados sobre grandes balances, y la siesta se hacia en hamacas, desde la una hasta las tres de la tarde. En este lapso, no se veía un alma en la calle. Si eran familias ricas se merendaba como en el almuerzo, con harina de maíz y rosquitas de catibía, si se era pobre. A esta hora se abrían las puertas de las casas y las damas aparecían sentadas o, previo anuncio, iban a visitar las amistades. Por la noche se encendía un farol para el arco de la casa y otro para la puerta de la calle. No había alumbrado público, ni calles empedradas o con aceras. Era una vida monótona que se satisfacía con cumplir con los deberes religiosos¨.
Al concluir el siglo XVIII y dar paso al siglo XIX, este último pletórico en grandes acontecimientos económicos, culturales, sociales e históricos en Cuba y el mundo, ya se divisiva un Santiago de Cuba con calles irregulares, en las casas techos de tejas españolas y afrancesadas, en los patios asomaban árboles de naranjas, coco, nísperos, tamarindos, mamoncillos, anón que han trascendido a la posteridad, para ese entonces bosques ya rodeaban la ciudad.
Fue marcada Santiago de Cuba por el mestizaje, jolgorio, choteo criollo que da color a la vida cotidiana.

Fue Santiago de Cuba pionero en el teatro, práctico en costumbres, rutinas sociales que actualmente configuran tradiciones de carácter religioso, música en sus balcones, movimientos de pasos ágiles por sus calles empinadas, alguien se sacude el sudor de la frente porque hay que buscar el quilo pa la familia; la literatura; el comercio; las farmacias o boticas.

Y aunque la modernidad marca la ciudad por la vida económica y social, el furor de eventos culturales, los avatares diarios, la competencia comercial, el bullicio, ruido de claxon de automóviles y personas que pregonan, aferrarse a los mejores valores que de antaño son tradiciones necesarias que no deben dejarse morir; son elementos a tener en cuenta como también la actual manera de vestir, defender la vida; el diario como en buen cubano se expresa. El santiaguero afirma su corcel en un presente cuyo devenir depende de las actuales generaciones, de los guiños con que el Niño Eleggua lo sorprenda en el camino, de las realidades e ilusiones que comparta en las redes sociales de la Internet, de un bienestar soñado que debe ganar con trabajo y esfuerzos para que temblores, ciclones o huracanes no le arranquen los sueños que, quizás vaticinaron la adivinación de cocos o caracoles.

http://bit.ly/1df74Uf