Cultura y nación

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Palma Soriano. - Para hablar de cultura, busque al cubano, el mismo que vio cristalizar su nacionalidad al fragor de la independencia en los campos de la Patria. Aquel que se le hace difícil dar un concepto, porque a ciencia cierta, cada quien tiene su propia definición.

Sin embargo, si a usted le mencionan: el son, la trova, las masas de cerdo asado, el congrís, o la celebración de un buen carnaval, enseguida le dirá que sí, que, como gran ajiaco, forma parte de nuestra cultura.

Tres fuentes importantes alimentaron su devenir: la aborigen, la española y la africana. Estas últimas dos raíces se han arraigado en las más disímiles prácticas cotidianas, la medicina o la religión. Tiene entonces mucho que ver con los modos de vida, la forma de pensar y actuar. Demostración legítima de lo que fuimos, somos y seremos.

Por tanto, debe asumirse como recurso valioso del presente y el futuro, válido en el desarrollo espiritual del hombre, en el alcance de una mayor calidad de vida individual y social. ¿La clave? Estudiarla, compartirla y ante todo preservarla. Un legado importante de tradición e identidad fue escrito durante varios siglos. La historia de Cuba parte de la propia historia de la transculturación, paso a paso, hasta solidificar en una única cultura, rica y diversa en sus manifestaciones. De ahí la importancia de no perderla tras los pretextos postmodernos o aires extranjerizantes, que intenten suplantarla.

Hacer frente a la mediocridad y la banalidad, pero siempre desde la conciencia, es el modo efectivo de desterrar las malas influencias que las viejas y disfrazadas formas del colonialismo amenazan con imponer. Y destruir así una identidad cultural fraguada en esta nación a través de la historia y de grandes figuras que todo dieron por hacer del presente algo mejor.

Crítica en los medios de comunicación. Mejor calidad en la programación que se ofrece. Un cine rentable por el camino de su esencia, constituyéndose en imagen de Cuba. Tomar más seriamente aun la responsabilidad que se tiene en la educación formal del país y en la creación de una población más culta. Es que el gusto también se alfabetiza, pero no es imponiendo, sino debatiendo, conociendo, escarbando más allá y yendo allí, a las necesidades y preferencias también de todos y cada uno.

“La cultura es lo primero que tenemos que salvar”, magistralmente sentenció Fidel. Y con ella, la Revolución, como primera gran obra que la ha promovido. Unidas, andan juntas por este camino que es la modernidad y los nuevos tiempos.

Pregunte al cubano que camina por las calles, si no siente orgullo cuando le hablan de su Cuba o escucha su himno, si no vive el juego de béisbol, la partida de dominó, el buen fin de año, la caldosa, o si no vibra cuando recuerda aquellas grandes hazañas de libertad que hicieron posible el presente. Imposible entonces desligar la cultura de esos viejos y nuevos senderos por los que continúa desandando un país, y su gente. Cultura que se nutre del aporte que cada día hagamos desde el espacio en que actuamos.