Una pasión compartida

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Palma Soriano.- Ya no fue sólo por el resultado final de cuatro goles por uno, en favor de la oncena merengue vestida en esta ocasión, de manera más colorida. La fanaticada se hinchaba de orgullo en el graderío de la fortaleza de Turín.

A cientos de miles de kilómetros, del otro lado del Atlántico, en una pequeña isla, también un municipio del oriente del país coreaba la victoria de la Champions League, como el más fiel de los súbditos, como el más encomiado admirador.

También en Palma Soriano, la alabanza al deporte de las bolas y los strikes ha sido sustituida por el grito de guerra y victoria que marca el gol al fondo de la portería enemiga. Atrás quedó la esquina caliente, la discusión de la jugada cerrada en primera base, la crítica encarnizada ante el director por la decisión incorrecta o el abucheo al referee por esos otros miles de árbitros de graderío.

También la tierra del Cauto se mueve alrededor de un balón. Y tal es así, que los más jóvenes andan coleccionando afiches, pullovers y souvenirs de Messi, Cristiano, o los tantos jugadores profesionales, fundamentalmente de las Ligas Europeas, esas mismas que bien procuramos en la década de los 90, cuando apuntalaban también nuestra programación televisiva.

Se produce una de esas apropiaciones que antepone el nuestro foráneo a lo propio y lo identitario. Se incorporan nuevas voces, concepciones y criterios a una cultura deportiva, la misma de las tantas glorias un tanto olvidadas por las generaciones de Neymar, de Buffon, de Luis Suárez.

Hoy, en Palma Soriano la conga deja escuchar sus compases, no por la aplanadora santiaguera o cubana, ni por los triunfos en la arena internacional. Se corea a un solo grito y a viva voz: ¡Gol! Mientras que el deporte y los atletas del patio miran con ojos llorosos las alabanzas, que antes, les aguardaban en cada entrega y cada salida.