Juana
Camión, un personaje del pasado en mi ciudad
Por: David González Groos.
Palma Soriano, enero 09.- El pasado año 2008,
en ocasión de la Feria Internacional del Libro
en la provincia Santiago de Cuba, vió la luz
la obra Yiyina:
La Prostitución en Palma Soriano hasta 1959.
Uno de los personajes de la pieza literaria que más
llamó la atención a los lectores fue el
de Juana Camión, una mujer espléndida
de cuerpo, ancha de caderas, glúteos protuberantes
y firmes, senos que en su juventud sirvieron de ánforas
para calmar la sed de todos los hombres sedientos de
sexo en esta esta parte del oriente cubano.
Juana Camión no dejó su nombre oficial
por escrito. Fue una jabá, o sea una mujer mestiza,
blanca de piel pero con el pelo enroscado e hirsuto.
Su lozanía fue perdiéndose por el maltrato
de sus clientes, decididos a exprimirle el placer por
los dos o tres pesos que cobraba y más tarde
por los centavos que obtenía esta porque en el
tobogán de la vejez, Juana tuvo que dedicarse
a los jovencitos.
La cultura del sexo tarifado, antes del 59, en Palma
Soriano tuvo un costo para los clientes de veinte centavos
por un rato de placer.
Muchos testimonios me ofrecieron sobre el personaje
que hoy es tema de este material. Algunos testimonios
coinciden que Juana Camión descollaba por su
rostro, de un lunar natural muy llamativo además
de su bien formado y voluptuoso cuerpo.
El triste y vil oficio que tuvieron que ejercer muchas
mujeres es recuerdo que dejara a su paso el capitalismo
en Cuba y en particular el de la prostitución
recogido en la bibliografía Yiyina: La prostitución
en Palma Soriano hasta 1959, el que por demás
me llevó varios años de investigación.
De acuerdo con el rastreo documental realizado se plantea
que en la ciudad del Cauto antes del triunfo de la Revolución
existían cerca de trescientos prostíbulos
además de las llamadas ¨casas de citas¨
destinadas a la amarga y dolorosa ¨profesión¨
.
Hoy el recuerdo de Juana Camión quedará
guardado en dicha literatura y en el pasado que no volverá
pues los días de lucha de Fidel y los barbudos
y luego de la ya desaparecida compañera Vilma
Espín vinieron a cristalizar el sueño
anhelado de otorgarle a la mujer cubana el espacio firme
y tierno de su imagen y el derecho emancipador que merece
en una nueva sociedad a través del estudio, el
trabajo y otras tareas de alta responsabilidad moral
y ética.
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