Arquitectura
colonial española en Palma Soriano
Autor: Lic. David Gross
Palma Soriano, 31 agosto 09.- Uno de los rasgos más
significativos de la arquitectura colonial española
en Palma Soriano está dado por la construcción
de fortines, fuertes, casas militares, torres ópticas
y casas cuarteles urbanos, levantados a partir de 1868,
cuando el Primer Grito por nuestra Independencia, en
que se convierte a la Villa del Cauto en una ciudad
fortificada y en centro de comunicaciones del Ejército
Colonial en el centro del Departamento Oriental.
Los Cuerpos de Ingeniería españoles levantaron
rápidamente la llamada Línea Fortificada
Guaninicú-Cauto, que en realidad llagaba hasta
después de Cauto Abajo, hoy Palmarito de Cauto
y un poco más arriba del poblado y fuerte militar
de Dos Palmas, aguas arriba del Río
Cauto.
El objetivo principal de la Línea fortificada
era tener resguardo para las columnas volantes con no
más de 20 hombres a caballo y similares de infantería
o por separado, para entrar en ellos y guarecerse ante
cualquier asedio mambí. Era común que
de la guarnición de Palma Soriano salieran dichos
grupos armados para “forrajear”, es decir,
buscar hierbas verdes y alimentos frescos, vegetales
y viandas, para las tropas acantonadas dentro de la
Villa.
Los fortines estaban levantados a vista de ojo, es
decir, que de cada uno se podía observar con
catalejo o a simple vista el otro. Por lo general, eran
de un solo cuerpo, más ancho en sus cimientos
que en la parte superior, con techo a cuatro aguas de
tejas criollas de barro, con aspilleras y dos pisos,
el inferior donde se dejaban los caballos, una escalera
y otro piso superior con mirillas por donde apuntaban
sus maúsares los soldados.
Otro trabajo que se realizaba desde dichas construcciones
era el de observación desde donde se trasmitían
los mensajes a la Torre Óptica de Palma Soriano,
construida de madera rolliza, de pino y forrada con
yaguas de palma, y de unos 20 metros de altura. En los
fortines había heliógrafos portátiles
que trabajaban con la luz solar por el día y
con carburo por las noches.
Las paredes de los fortines eran de mampuesto, o sea,
de cal viva y con fragmentos de rocas calizas, restos
de ladrillos y cascajo o granzón del río.
Se construían moldes de tablones y se iba echando
la mezcla dentro hasta llevar las paredes al nivel reglamentario.
La cal se cocinaba en hornos levantados a pocos metros
de la obra a construir. Era tal la calidad de la obra
que todavía hoy se encuentran los muros enhiestos
de casi todos los galpones militares construidos en
la época.
Fortines fueron por ejemplo los de Cauto Abajo, el
Maniel, El Sitio, Gota Blanca y otros. En Caney había
una casa cuartel para defender el ingenio azucarero
y el poblado del lugar. Frente a la Casa cuartel a unos
200 metros del Camino Real se abre un fortín
mayor que tenía fosos y cercas de alambre para
su defensa. Más adelante, como a un kilómetro
se abría el fortín de Gota Blanca, destruido
durante la construcción del embalse acuífero
del mismo nombre.
Palma Soriano también contó con una cadena
de fortines para su defensa como el Del Paí,
Las Cuchillas, Vega Honda, Los Guaos y otros. Todas
estas obras tenían arquitectura utilitaria similar
y fueron asiento de escaramuzas durante las dos guerras
de independencia.
Dentro de la ciudad estaba el Cuartel General de las
tropas españolas en la parte alta de la Finca
La Teresita, donde hoy se abre la Empresa Pecuaria Mariano
López y el Dancing Ligth. También de mampuesto
y techos de telas de barro criollas y hoja de lata española,
contaba con la casa cuartel, barracones, caballerizas,
panadería, talleres de reparar enseres y armas
y un pequeño hospital de primeros auxilios o
de sangre como también se les llamaba.
Este fue, en resumen el legado arquitectónico
militar del Ejército Español en la Villa
del Cauto, Palma Soriano, en el siglo XIX.
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