La
botijuela de Wicho
Por: David González Gross.
Palma Soriano, abril 09.- Wicho no sabía que
transcurría el año 1957, este no sabía
nada de números y letras, cuando lograba reunir
cinco centavos o ¨kilos¨ como los llamaban los
abuelos, abuelas y también los muchachos de un
barrio humilde de esta zona nombrado Las Cuchillas de
la Palma.
Una mañana de diciembre, Wicho con sus 14 años
de edad había amanecido con mucho apetito, más
que el de una puerca amarrada a la orilla del camino.
Las tripas se le retorcían porque hacia tres
días que no comía nada. Se le ocurrió
de inmediato atravesar por la finca del Gallego González
y llegar hasta las antiguas tierras de la familia Castellanos
en aras de encontrar algo de comer.
Caminó y caminó el muchachito con short
raído. Al llegar a la finca de los González
no encontró nada, sin embargo en los campos sembrados
de la familia de los Castellanos le esperaba un guayabal,
¡caramba qué suerte!.
Wicho comió muchas guayabas sin darle tregua
a la mandíbula. Concluído su deseo se
dirigió entonces a su barrio, al barrio Las Cuchillas.
Una vez saciado el apetito, ¡un tremendo dolor
de barriga!. Ante la inminente sensación fisiológica
buscó urgente un lugar que le permitiera ¨evacuar¨
los desechos y todo aquello salió como bola por
tronera, derramándose entre las hierbas bajas.
Vencido este apuro, ya en la noche mientras Wicho dormía
en un catre forrado de sacos, sentía dentro del
cerebro un presagio que no lo dejaba vivir: ¨¨Wicho,
infeliz de la vida, debajo del excremento está
la botijuela¨.
Ya en la mañana Wicho se dirigió nuevamente
hacia el guayabal. Las excretas se mostraban secas,
buscó un pedazo de palo y comenzó a despejar
todo aquello del lugar; pronto sintió que el
pedazo de palo raspaba un metal, hurgó con sus
manos y pudo sacar una botijuela de barro, la que contenía
muchas monedas de oro y plata.
Wicho el analfabeto, Wicho el que ni siquiera sabía
las notas del Himno Nacional, el niño pobre comenzó
a llorar. La sabiduría del niño le hizo
tomar unas monedas y esconder de nuevo la botijuela
en el lugar indicado.
Wicho salió para su casa y al otro día
por la mañanita estaba sentado frente a una piedra
delante de la bodega de Don Ismael cuando este abrió
el establecimiento el niño le pidió dos
turrones, una gaseosa, un pan con aceite, tomates frescos
y por último una fritura de bacalao.
Ante la demanda del niño, Don Ismael le dijo
a este ¨Muéstrame el dinero¨, el muchacho
al mostrarle la palma de su mano el tendero comprobó
la moneda de oro, se atuzó los bigotes y comenzó
a sudar. Don Ismael se llevó al niño para
el fondo de la tienda y le trajo el pedido. Cuando el
muchacho sasió su apetito el astuto Ismael le
conminó a confesar donde había encontrado
la moneda. Wicho ante tanta presión del hombre
confesó su hallazgo.
Pero Don Ismael era mucho Don Ismael. De Canarias procedía
este, en particular de una islita llamada Hierro, y
a ¨hierro puro¨ Don Ismael pudo levantar fortuna
en estas tierras.
Con tono de intimidación le dijo a Wicho: ¨Yo
te propongo un trato, me entregas la botijuela y no
lamentarás nunca que tienes hambre hasta que
te muera, ¡Cuidado con comentar con alguien la
novedad porque de lo contrario la guardia rural te llevará
preso!. Lo cierto es que Wicho, a conveniencia del isleño,
no le faltó nada, Don Ismael lo bautizó
en la Iglesia de Palma Soriano, le pagó a un
maestro para que este lo alfabetizara, le dio de comer
hasta que el muchacho un día se fue a tomar suerte
a la Habana.
Y me pregunto: ¿Será cierto que Don Ismael
practicaba la caridad con sus semejantes?, Eso todavía
está por averiguar.
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