El
otrora Café Venus en Palma Soriano
Por: David González Gross.
Palma Soriano, 3 marzo 010.- El Café Venus en
Palma Soriano en los años cincuenta se localizó
en la esquina más concurrida de esta ciudad,
hoy sita en 20 de Mayo y Martí.
Decimos en la esquina porque solo lo separaban de ese
cosmopolita lugar la panadería de Juan Martínez
y la tienda de Cutillas.
La panadería fue como otra cualquiera, pero
en la tienda de Cutillas hubo algo inusual, la figura
del Benny,
su esposa dueña de una belleza, sentada ante
la caja registradora en una especie de banqueta elevada.
Pero el Café Venus, los moradores de la ciudad
de Palma Soriano lo llamaban Café Primitivo,
y dentro de él siempre estaba Rogelio, un gallego
bajito y de andar apresurado que lo mismo pelaba naranjas
que hacía un batido de fruta bomba o de trigo
o lunchaba los emparedados más divinos del territorio,
amén de unos cafés con leche como para
recordarlos. El gallego trabajó en El Venus hasta
entrados los años 60 hasta que se puso un lazo
corredizo una tarde como para dejar su espíritu
allí donde había perdido la vida, trabajando
como un verdadero mulo.
Los clientes de Primitivo Centeno que era su apellido
de español reyoyo, eran vaqueros, dueños
de fincas, empleados del comercio, viajantes de zapatos
y miles de cosas más, rastreros y todo el trashumante
que pasara por la ciudad del Cauto, atraídos
por el buen servicio la calidad de los productos y lo
barato del precio. Si hasta los norteamericanos que
en 1956 vinieron a perforar un pozo petrolero aquí
iban al Café a desayunar todos los días.
Y dentro de la fauna de ricos, ganaderos, caficultores,
comerciantes y chóferes, parqueadores, vendedores
de viandas y mil mas que llenaban el Café de
Primitivo día y noche, deambulaba una muchachita
como de 15 años, con un tuniquito que una vez
había sido blanco, descalza, pero con unas piernas
y un cuerpo que ni las vestales griegas. Le voy a cambiar
el apodo por si tiene todavía familia por este
u otros lares, pero Chunga se tomaba los restos de café
con leche, los emparedados que algunos mordían
y dejaban por la premura de firmar algún negocio
y hasta se pagaba de alguna u otra botella de Orange
Campo, el refresco municipal donde las moscas ya había
aterrizado dos o tres veces.
Y Chunga tuvo la gran suerte de que uno de los Místers
que trabajan en la exploración de petróleo
allá por la Finca de Picasso, hoy barrio de Bambá,
al este de Palma Soriano, estuviera días y días
por allí y se enamorara de la pobre muchachita
que residía en una casucha entre la calle Moncada
y Abisinia.
Pero nadie se daba cuenta por el trajín de servir
o recoger las mesas o los cientos de mandíbulas
moviéndose, las risas y hasta las malas y buenas
palabras que matizaban el local, como cada vez que Chunga
salía con un cartuchito de sobras para sus hermanos,
el gringo alto, de más de seis pies y pelo largo
que le caía hasta la cintura, descendiente de
siux o apache seguro la seguía a dos o tres pasos
a calle 17 hacia el río Cauto,
hasta que un día en mal español comenzaron
a cruzar palabras, parece que pasaron a los hechos que
para acostarse en una cama maldita la falta que hace
dominar algún idioma.
Y cuando en Agosto o Septiembre de 1956 los yanquis
de la Cavalier Petróleum Company prepararon sus
bártulos y se fueron para Texas, a las pocas
semanas se corría una noticia por todo Palma
Soriano: ¨Míster Wief se casó con
Chunga y se la llevó pal Norte¨. Y es que
en Palma Soriano, como en toda Cuba, ¨El Norte¨
siempre ha sido como la meca para los musulmanes, qué
suerte la de Chunga. En cambio mi abuela Rosa decía
que lo más lejos que ella había llegado
fue al Santuario del Cobre y eso era más grande
para ella por su formación hogareña.
Míster Weif- apelativo puesto por los palmeros,
dado a su gran tamaño y fortaleza que le hacía
parecer un buey bien peludo- se fue con sus muchachitas
y dicen que la conocieron años después
allá por Miami o Texas, que los moradores han
viajado todo el planeta, que por allá, en los
años 60 fue una señorona y que empleaba
el dinero, que le daba su marido, haciendo el bien a
los pobres.
Menos mal que la historia de Chunga terminó
como los cuentos de hadas y no paró con sus huesos
en algún lupanar de la zona de tolerancia de
Palma Soriano… ¡alabao sea el señor!.
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