El
macho asao
Por: David González Groos.
Palma Soriano, diciembre 08.- Al cerdo se le llama
en la parte oriental de Cuba como ¨macho asao¨,
en otras partes de la Mayor de las Antillas se le denomina
además ¨puerco¨ o ¨cochino¨.
Para los palmeros no hay plato mejor en celebraciones
que degustar la carne de este animal.
En la vida todo tiene su magia y asar un ¨macho
asa o¨ necesita de su técnica consistente
en ensartarlo en una vara entre dos horquetas y sobre
un agujero lleno de carbones encendidos para ser cocinado.
Es tradición hacer acompañar los ratos
de cocción del puerco con una botella de aguardiente
o ron Santiago, en ocasiones los amigos que se presentan
espontáneamente a la tarea de asar el puerco
vienen también con su aporte que bien puede ser
una botella de vino o cidra.
En la cultura cubana, el ¨macho¨ debe sacrificarse
el día antes preferiblemente por la tarde y dejarlo
toda la noche abierto y colgando de una viga del techo
para que escurra el agua y quede seco para el aliño.
Se buscan entonces naranjas agrias, suficiente ajo,
comino, laurel y cuantos adobos existan en la cocina
del cubano. Luego el ¨macho¨ se coloca encima
de una mesa y se le hacen ranuras sobre el lomo, la
cabeza y las patas.
Una vez aliñado el ¨puerco¨ se deja
este reposar un rato y se vira con la panza hacia arriba,
se cose con un alambre. Hay quienes le agregan cebollas
peladas, pero como dice el refrán popular ¨cada
cual tiene su propio librito¨.
La vara puede ser una utilizada del pasado año
u otra cortada días antes y pelada a conciencia
de su certeza natural. Las estacas hay quienes las prefieren
de guayabo que duran años y años. Se sugiere
en este ¨rito¨ de fin de año que el hueco
deba ser abierto el día antes y en la madrugada
ubicar el carbón vegetal o leña bien seca
para lograr buenas brazas calientes.
Cuando el cocinero o persona experta en asar ¨macho¨
aproxima la mano sobre la candela, a una distancia prudencial,
comenta, luego de un buen trago de ron que ya está
listo para ser cocinado de esta manera. Siempre existen
personas que se ofrecen a traer el ¨macho¨ y
ponerlo con la vara sobre las horquetas así como
darle sus vueltecitas a la vara, generalmente bajo la
mirada acuciante del dueño de la fiesta o del
experto en asar puercos.
Asar un ¨macho¨ necesita de paciencia y estoicismo
ante tanto calor y una especie de termómetro
mental para saber cuándo remover los carbones,
pasarlos del centro para los extremos donde están
situadas las patas y la cabeza del animal, echar más
leña al fuego o retirar algunos troncos, en fin
que luego de cuatro o cinco horas el puerco está
a punto de ser retirado.
Ya
algunos curiosos le han sacado sus cueritos tostados
ante las protestas de las mujeres que en la cocina hierven
las yucas, los plátanos o ñames y remueven
el arroz congrí y pican en ruedas el tomate,
se preparan las lechugas, las acelgas, el rábano
y otros vegetales para la ensalada. Los niños
en casa y sus amiguitos comparten el rabito asado del
animal y algún que otro cuero que le brindan
los mayores.
Aunque en la actualidad en Cuba y en particular en
Palma Soriano, muchas personas asan el ¨macho¨
en sartenes y lo llevan a la panadería, el sabor
del animal no es el mismo pues la grasa que expide durante
su cocción, asciende con el calor y le imprime
al cuerito y a la carne un sabor inigualable.
El palmero no ha perdido la costumbre ni antes, ni
después del ¨macho asao¨ porque amén
de la magia de las ocasiones especiales en familia,
se reúne el barrio, se encuentran aquellas personas
que durante todo el año están fuera de
casa por razones de trabajo o estudio. Asimismo estas
ocasiones se hacen acompañar de buena música
popular cubana, de alegría y satisfacción
por estar reunidos en armonía en momentos especiales,
díganse aquí el Día de las Madres
o de los Padres o muy próximo ya las fiestas
del 31 de diciembre o de fin de año con la confianza
de que la buena suerte le acompañe con el esperado
degustar del ¨macho asao¨.
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