Los
Ranchones Campestres en Palma Soriano
Por: David González Groos.
Palma Soriano, agosto 09.- Palma Soriano desde los
años 50 del pasado siglo XX pudo llamarse la
ciudad de los Ranchones.
El ranchón campestre se distinguía por
una construcción de madera rolliza en su armazón
y el techo forrado con pencas de guano real, alto y
abierto en tres laterales con mostrador a todo lo largo
de él. Al fondo se situaba un refigerador de
seis puertas y cocina los que tipifican el lugar de
diversión de esta región del país
y de los alrededores de La
Habana.
En este municipio y hasta principios de los años
sesenta del pasado diglo existían tres ranchones
emblemáticos: el primero, atendido por Alfredo
el que se divisaba desde el alto de los Coquitos del
que todavía hoy se conserva en ese lugar el piso
de cemento; el segundo, socorrido por una señora
cuyo apodo era Tita, ubicado en la antigua carretera
hacia San
Luis y el tercero, situado en el camino
a Miranda o barrio de Punta e Pié.
El ranchón donde trabajaba Alfredo ofrecía
refrescantes bebidas y el plato de la casa era el puerco
asado en púa a la vista del consumidor;
el congrí y los tostones de plátano verde
o ¨chatinos¨ como le conocen en el centro y
occidente del país.
El aire agradable circulaba siempre por allí,
por las noches las luces se prendían en el lugar.
Un traganikes se disponía para los visitantes.
Los boleros de moda y buena música cubana le
daba un toque distintivo a este ranchón.
Se comenta que Alfredo era de Holguín
pero aquel mulato bajetón y grueso y su hijo
que le ayudaba conocían mucho del arte culinario.
La especialidad del ranchón de Tita consistía
en unas empanadillas con carne. Estas por lo general
nunca escaseaban en este sitio de recreo pues la familia
de Tita le ayudaban con los ajetreos del lugar: a fregar,
cocinar, limpiar las mesas y atender amablemente al
público.
El tercer ranchón o Rancho Grande como se le
conocía vendía bebidas y alimentos ligeros.
Este tenía algo de familiar: Comida criolla;
refrescos naturales y hasta un sobroso café para
comenzar el día.
Ya usted vé, es grata la historia de la existencia
de ranchones campestres en la ciudad del Cauto
los que dejaron en su momento una memoria impercedera
para esta localidad.
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