Por: David González Gross.
Palma Soriano.- Se ha perdido una muchacha, sólo me queda su recuerdo enraizado en el corazón, sus ojos son oscuros, su nariz aguileña. Como referencia visual puedo decirles que tiene la mirada a lo Tina Modotti, habla poco, si ve alguna que parlotee continuamente, aunque tenga las señas antes descritas no se le ocurre atraparla, la mía solo lanza gestos, algunas palabras pero tiene una sonrisa como la de las mujeres de Tiziano.
La que se ha perdido es más bien triste, piensa demasiado, es de esas que quiere arreglar el mundo a su manera, ¡ahahhh!, está pelada bajito y tiene decenas de remolinos en el cabello.
Su boca es sensual, más bien de labios gruesos, dicen que besa maravilloso pero sus instintos son complicados. Disfruta del amor a sus anchas y maneras, como toda mujer que ama algo y se lo reserva para quien ama. Si alguien la encuentra, debe tomarla con cuidado por los brazos, no vaya ser que le dañes las alas. Para mayor exactitud, si le dices bajito un poema o le cantas un tema de Rafael se dejará conducir hasta los brazos de quien la seduzca. Cuenta un amigo mío que la amó y ella tiene la fórmula de cuando está cerca de alguien: hacer vivir, morir y soñar en paz.


