Melián y el burro

Palma Soriano.- Melián era un isleño de casi seis pies y pico de altura. Blanco, fuerte, de poco pelo en la cabeza y bruto como un carajo. Lo más importante de Melián eran sus manos, parecían de bronce y con unos dedos como troncos. Con esas manos el isleño podía hacer cualquier cosa, cualquier oficio que hombre decente conociera en este mundo.

Melián y el burro

David González Gross

Melián se había casado con una isleña tan grande como él y le parió un montón de isleñitos salidos del mismo molde y así eran de parecidos a los padres. Los Meliancitos, que así les llamaban en el batey del Central Palma eran revoltosos y siempre el padre los estaba castigando. Melián trabajaban en el central con los norteamericanos ó gringos y hacía de todo, desde botar la basura en un carretón halado por un burro dormilón y testarudo, hasta arreglar las cercas, albañilear, carpintear…! bueno”…de todo. En las nóminas aparecía con el nombramiento de farmer boy que traducido al español cubano era algo así como Muchacho de Campo.

Un día lo mandan desde la oficina del Central para que llevara las sacas con la correspondencia hasta la Estación del ferrocarril al que todos llamaban El Correo. El lugar estaba situado fuera del perímetro del Batey frente al Hotel de Los Americanos que también se llamada El Hotel Cuchillas, dedicado a los empleados criollos o yanquis solteros por añadidura. Pues como todos los días, Melián, el boy de campo iba a llevar la correspondencia sentado sobre un carretón que halaba, como ya dijimos, un burro. Allá iba el Isleño con su carga y dando tumbos el burro por la llamada Avenida de los Americanos, pero esta vez iba a pasar algo que quedaría para la historia oral del central azucarero.

Antes de llegar al Correos, el burro debía atravesar varias líneas llamadas chuchos donde enlazaban los raíles que iban para la fábrica de azúcar y la línea férrea hacia Manzanillo o Línea Sur. El burro llegó hasta los dos primeros raíles y detuvo la marcha. Melián, sentado sobre su tabla atravesada en el carromato le dice en voz amable con un chasquido de los dedos: “arre animal, dale coño”. El burro olfateaba los raíles y de dale, nada. Vuelve Melián y le dispara: “Burro, coj…., arrea pa lante, hijoputa. Perico, que así se llamaba el jumento no movía ni una de las paticas delanteras. Melián arremete con su sarta de improperios canario-cubanos: “Me caso en la reputísima de tu madre, cachoecabrón. O pasas la línea o te meto el foete por el fotingo. Perico que se me está acabando la calma, so maric……”.

Perico, inmutable se dio a la tarea de mordisquear una hoja de cañas abandonada sobre la tierra y entonces el Isleño se tira del carretón, lo carga en peso y lo lleva para pasar sobre las líneas…!con burro y todo!. Cuando el animal y el carretón cayeron sobre el polvo, el Isleño le grita: “Párate, carajo, burro de mierda o te rompo la crisma”. Del dicho al hecho, Melián le suelta un gaznatón a animal y este cae, difunto sobre el polvero de la carretera.

Luego de llevar las sacas con la correspondencia hasta la Oficina del Correo, Melián cargó con el burro sobre uno de sus hombros y halando el carretón fue a dar a la oficina del Ingenio donde informó sobre el accidente al Jefe de los guardajurados. Pero lo que no sabía el Isleño era que la mujer de un gringo, de Mister Weif, que estaba regando su plantío de mariposas con una enorme pamela de yarey a la cabeza, había visto todo lo acontecido con el burro de cuatro patas y el de dos patas, e inmediatamente llamaba por teléfono al Cuartel de la Guardia Rural y acusaba a Melián de asesino, de abusador ya que ella era la Presidenta de la Sociedad Protectora de Animales del Central Palma.

El día del juicio todos los amigos de Melián y sus compañeros de trabajo fueron al tribunal en Palma Soriano, y pidieron la palabra para defenderlo. Por fin, el Juez al cual todos le decían Guiña Guiña por el tic nervioso que tenía en ambos ojos, le impuso una multa de cinco pesos. Como Melián estaba arrancado de los bolsillos, se hizo una ponina entre los presentes para pagar las cinco cuotas de a peso.

La gringa que además de millonaria era zoqueta al máximo, le hizo un velorio al burro Perico en el salón principal de la Sociedad Norteamericana en el Central y lo enterraron en un solar del barrio de Vista Alegre, cerca del campo de golf de los yanquis y todas las damas fueron vestidas de negro y una de ellas tocó con su violín una pieza fúnebre en honor a Perico.