Palma Soriano.- Durante varios siglos en Cuba enero, más que el primer mes del año, fue de albores y ajetreo de la zafra azucarera, era la puerta de lo que serían varios meses de sudores y esfuerzos decisivos para la economía nacional, puesto que la exportación del azúcar y sus derivados constituyó no solo un pilar del país sino también un factor de prestigio global para Cuba. No había lugar del globo donde no se conociera por su calidad la sacarosa salida de nuestros centrales, y pocas le hacían competencia.
Pero hace ya unos cuantos años viene cambiando para esta realidad. La industria que antaño fuera el centro gravitacional de la economía cubana, hoy sus producciones apenas alcanzan para surtir el mercado interno que siempre ha tenido mucha demanda de este producto tanto entre las personas naturales y las industrias.
Desde los tiempos de la colonización el azúcar fue el primer renglón exportable de Cuba, primero con el sistema de plantaciones e ingenios, hasta que en la segunda mitad del siglo XIX aparecieron los centrales. Durante la república neocolonial esta industria mantuvo su lugar cimero en la economía, y fue epicentro de no pocos ejemplos de lucha obrera.
Triunfada la revolución, el azúcar siguió siendo la locomotora económica de Cuba; en este período la azucarera fue totalmente desde la siembra y el corte hasta el central, y también estuvieron las zafras más importantes como la famosa zafra de 1970.
Durante la historia azucarera de Cuba ha habido no pocos altibajos. Momentos pico y otros de socavón de producción. Las crisis han tenidos motivos diversos tantos internos como inherentes a la situación nacional, tales como: guerras, alza en la fabricación en otros países productores de azúcar (sea de caña o remolacha), depresiones económicas globales, y otras.
Con la caída de la Unión Soviética y el campo socialista, la industria azucarera recibió un golpe mortal al perder el mercado de destino de la mayor parte de sus exportaciones y el origen de todos sus insumos. Desde entonces viene un retroceso paulatino, (incluyendo el cierre de unas cuantas fábricas desde 2003) que alcanza niveles casi abismales en comparación con las crisis de la época colonial y la de 1929-1933. Varios factores afectan y alteran actualmente el proceso de producción del azúcar: la falta de combustible dificulta el sembrado, corte y transportación; la contingencia energética actual dificulta poner y mantener en marcha los centrales; a estos se le suman la mala calidad de la caña, la carencia de fertilizantes y la obsolescencia y disminución del parque ferroviario.
Palma Soriano, un territorio con una tradición azucarera de más de un siglo actualmente cuenta con un central, Dos Ríos, con larga data de creado y, en medio de condiciones socioeconómicas adversas en los últimos años, ha logrado realizar las etapas de zafra con el concurso de todos sus trabajadores y aquellas entidades y empresas que de una manera u otra tributan al objeto social del mismo.
