Fidel Castro, a Cien años de su natalicio: la brújula humanista que aún guía

Fidel Castro, a Cien años de su natalicio: la brújula humanista que aún guía

Palma Soriano.- En el año 2026, cuando Cuba y buena parte del mundo conmemoran el Centenario del natalicio de Fidel Castro, el debate sobre su legado se revitaliza. Más allá de las polémicas políticas e históricas, hay una dimensión que él mismo cultivó con insistencia: el humanismo.

No como una abstracción filosófica, sino como un principio rector de la acción revolucionaria. “Humanismo significa justicia social con libertades y derechos humanos”, definió Castro en un discurso pronunciado en el Parque Central de Nueva York el 24 de abril de 1959. Esa frase, pronunciada apenas cuatro meses después del triunfo de la Revolución, encierra el núcleo de un pensamiento que, según sus partidarios, orientó toda su obra.

Para el Comandante, el humanismo no era compatible con la miseria. “Humanismo quiere decir que, para satisfacer las necesidades materiales del hombre, no hay que sacrificar los anhelos más caros del hombre, que son sus libertades”, añadió en ese mismo histórico discurso. Y cerró el concepto con una fórmula que se haría célebre: “Libertad con pan, pan sin terror (…), ese es el humanismo”. Esta idea de un bienestar material inseparable de la dignidad humana recorrió sus discursos y se materializó en políticas como la reforma agraria, la Campaña de Alfabetización y el sistema de salud público.

Ese humanismo, en la visión de Fidel, era también solidaridad activa. “Practicamos nuestra solidaridad con hechos, no con bellas palabras”, afirmó, una consigna que resume el internacionalismo médico y educativo que Cuba ha desplegado por décadas. Esa solidaridad, para él, nacía de una convicción profunda sobre la naturaleza humana: “Esa es la maravillosa virtud del hombre, que es capaz de entregarlo todo, de entregar su vida, de entregarlo todo por una idea, por una causa, por un sentimiento noble, por un espíritu de solidaridad”.

La unidad, otro pilar de su pensamiento, fue para Fidel Castro una expresión práctica de humanismo. “Si la unidad dentro de las naciones es fructífera (…), ¿por qué no ha de ser más fructífera todavía la unidad de naciones que tenemos los mismos sentimientos, los mismos intereses, la misma raza, el mismo idioma, la misma sensibilidad y la misma aspiración humana?”, se preguntó en Caracas en enero de 1959. Esa visión de una unidad basada en lo común, en lo humano, trascendía las fronteras y se proyectaba hacia la integración latinoamericana.

En sus reflexiones posteriores, el humanismo de Fidel adquirió una dimensión planetaria. Alertó sobre los riesgos ambientales y sociales que amenazan a la especie: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”. Y propuso una salida: “Si se quiere salvar a la humanidad (…), hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta”. Así, su humanismo se ampliaba a una defensa de la supervivencia de la humanidad y de la justicia global.

En este año, cuando los cubanos y seguidores de su legado en el mundo festejarán el Centenario de su nacimiento, se insiste en estudiar su pensamiento y “emular su ejemplo de trabajo incansable, de fidelidad a los principios y de confianza absoluta en el pueblo”. Para sus seguidores, el legado humanista de Fidel sigue vivo en la “sensibilidad humana” que, según un artículo de homenaje, fue “el mayor regalo que dejó Martí” y que lo impulsó a “entregarse por completo a la humanidad”.

En un mundo aún marcado por desigualdades, conflictos y una crisis ambiental creciente, las palabras de Fidel Castro sobre humanismo, justicia social y solidaridad resuenan con fuerza. Su Centenario no es solo una ocasión para recordar al líder histórico, sino también para preguntarnos qué vigencia tiene aquella brújula ética que él defendió: la que pone al ser humano, en su dimensión material y espiritual, en el centro de toda acción política. Como él mismo dijo, “el hombre tiene que ser necesariamente más interesante todavía que la propia naturaleza donde vive”. A Cien años de su nacimiento, ese hombre –y el humanismo que demostró con su obra– sigue siendo la gran interrogante y la gran promesa.